Hoy he remitido un burofax a los miembros de la Comisión Gestora de la Federación Galega de Xadrez.

Considero que, al margen de los recursos y reclamaciones que se están tramitando por las vías correspondientes, los integrantes de la Comisión Gestora deben conocer personalmente lo que está sucediendo durante este proceso electoral.
Y creo que deben conocerlo en sus dos vertientes: tanto en relación con la situación de Raquel Calleja, secretaria general de la Federación, integrante de la propia Comisión Gestora y vinculada públicamente a su posible futura candidatura, como en relación con los requerimientos y el apercibimiento de posible expediente sancionador que he recibido yo mismo por publicar información sobre las elecciones.
No pretendo con este escrito anticipar cuál debe ser la resolución de los distintos recursos planteados. Para eso están la Xunta Electoral y, en su caso, el Comité Galego de Xustiza Deportiva.
Pero sí considero importante que los miembros de la Comisión Gestora sepan exactamente qué está ocurriendo y puedan formarse su propia opinión.
Y todo esto me ha llevado inevitablemente a recordar otra época del ajedrez gallego.
Hace más de veinte años
Quienes llevamos suficientes años en el ajedrez gallego recordamos la última etapa de la presidencia de Rafael del Río.
No voy a reconstruir aquí toda aquella transición ni los problemas administrativos que se produjeron posteriormente. Hubo además una presidencia intermedia y determinadas circunstancias burocráticas que hicieron que Gaspar Pérez Carnero no pudiera asumir formalmente la Presidencia en 2004.
No es eso lo importante para esta reflexión.
Lo relevante es que 2004 marca, en la práctica, el final de la etapa de Rafael del Río y el comienzo de la que podríamos denominar era Gaspar.
Gaspar figuró formalmente como vicepresidente entre 2004 y 2006 y pasó a ser presidente de FEGAXA desde 2006. Pero el cambio político y federativo se había producido ya dos años antes.
Por eso considero razonable hablar de una etapa 2004-2026, aunque durante sus dos primeros años Gaspar no ocupase formalmente la Presidencia.
Y resulta interesante recordar cómo se llegó a aquel cambio.
El caso de Carlos Permuy
Uno de los episodios que más impacto tuvo en aquellos años fue el expediente disciplinario abierto contra Carlos Permuy, uno de los jugadores más conocidos, carismáticos y peculiares que ha tenido el ajedrez gallego.

El asunto terminó llegando hasta el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia.
El tema arrancó el 2 de julio de 1999, Rafael del Río, entonces presidente de la Federación Gallega de Ajedrez, remitió al Juez Único de la Federación un comunicado que había aparecido publicado en la revista Jaque, para que se examinase si su contenido podía constituir una infracción disciplinaria.
Tres días después se incoó expediente.
El procedimiento terminó inicialmente con una sanción extraordinariamente grave: un año de suspensión de los derechos federativos, incluida la privación de licencia federativa.
Y Carlos Permuy no era precisamente una figura marginal.
Era uno de los jugadores gallegos más fuertes y conocidos de su generación y vivía profesionalmente del ajedrez. Privarle de licencia no era simplemente impedirle jugar algún torneo. Era afectar directamente a su actividad profesional.
No fue un episodio aislado
Además, mi recuerdo de aquella época es que el conflicto de Carlos Permuy no fue el único.
También se produjeron actuaciones disciplinarias o intentos de sanción contra dos jugadores jóvenes. Es muy importante el efecto que fueron produciendo estos episodios.
Lo que inicialmente podía parecer una serie de conflictos particulares entre la Federación y determinados jugadores terminó generando una sensación cada vez más extendida de que existía un problema en la forma en que se estaba gestionando la Federación.
Y ahí empezó a producirse algo interesante.
Cuando varios conflictos individuales terminan convirtiéndose en un problema institucional
No utilizaría la palabra “sublevación”, porque probablemente sería excesiva.
Lo que se fue produciendo fue algo más natural: la formación progresiva de una oposición transversal a la gestión federativa existente.
Personas que seguramente discrepaban entre ellas en multitud de cuestiones empezaron a coincidir en algo: consideraban necesario un cambio.
Jugadores, clubes y personas procedentes de ámbitos diferentes del ajedrez gallego fueron confluyendo progresivamente.
Y aquella oposición terminó ganando y se produjo un cambio de era.
Por qué he enviado un burofax a los miembros de la Comisión Gestora
Quiero que conozcan directamente la situación.
Quiero que sepan qué actuaciones se han producido respecto de mis publicaciones y qué cuestiones se han planteado respecto de la posición de Raquel Calleja.
No quiero que dentro de unos meses pueda afirmarse que los miembros de la Comisión Gestora desconocían lo que estaba sucediendo.
Cada uno de ellos podrá valorar libremente los hechos y adoptar la posición que considere conveniente.
No les estoy pidiendo que me den la razón.
Les estoy pidiendo que conozcan la situación.
Porque las instituciones colectivas funcionan también sobre la base de responsabilidades individuales.
Formar parte de una Comisión Gestora no puede consistir simplemente en aparecer en una relación de nombres. Sus miembros tienen funciones y responsabilidades durante un proceso especialmente delicado como es una transición electoral.
La historia a veces ofrece advertencias interesantes
Y aquí es donde vuelvo inevitablemente a lo sucedido hace más de veinte años.
Los problemas institucionales raramente aparecen de repente.
Normalmente comienzan con pequeños conflictos que parecen afectar únicamente a una persona.
Primero hay un problema con un jugador.
Después otro.
Después aparece un expediente.
Después alguien considera injusta una decisión.
Y en un primer momento cada cuestión parece independiente de las demás.
Hasta que llega un momento en que diferentes personas comienzan a preguntarse si realmente están ante una sucesión de casos particulares o ante un problema más general de funcionamiento institucional.
Eso fue, al menos en parte, lo que ocurrió al final de la etapa de Rafael del Río.
El expediente contra Carlos Permuy y otros conflictos de aquellos años contribuyeron a generar un malestar que terminó agrupando a personas muy diferentes alrededor de una idea común: la necesidad de un cambio en FEGAXA.
Ese cambio se produjo en 2004.
Y abrió una nueva etapa que, con sus luces, sus sombras y una duración extraordinaria, llega ahora a un momento decisivo en 2026.
No sé cuál será el resultado de estas elecciones. Tampoco sé si estas serán las elecciones en las que se produzca un cambio de etapa.
Puede que no.
La historia institucional no siempre avanza al ritmo de los calendarios electorales. A veces una mayoría se mantiene, un proceso termina sin grandes modificaciones y, aparentemente, todo continúa igual.
Pero solo aparentemente.
Porque los cambios profundos suelen comenzar mucho antes de hacerse visibles. Empiezan cuando determinados hechos dejan de percibirse como episodios aislados; cuando personas que hasta entonces permanecían al margen empiezan a hacerse preguntas; cuando se acumulan dudas sobre determinadas formas de actuar; cuando aparecen voces críticas procedentes de lugares diferentes y cuando cuestiones que antes apenas despertaban atención comienzan a discutirse abiertamente.
Eso también ocurrió hace más de veinte años.
Por eso, quizá la pregunta importante no sea únicamente quién ganará las elecciones de 2026.
La pregunta es qué está empezando a cambiar en el ajedrez gallego.
Puede que estas elecciones no sean todavía las elecciones del cambio. Pero algunos de los mecanismos que hacen posibles los cambios ya se han puesto en marcha.
Y, como ocurrió hace más de veinte años, solo el tiempo permitirá saber hasta dónde llegan.