El Comité Galego de Xustiza Deportiva ha dado un paso relevante en la polémica sobre los interventores atribuidos a la denominada «Candidatura de D.ª Raquel Calleja Modia». En una providencia de 22 de septiembre, el Comité admite y acumula tres recursos presentados al apreciar una identidad sustancial de hechos, razones y pretensiones.

El núcleo de la controversia es claro: el Acta 08/26 de la Junta Electoral reconoce una «Candidatura de Raquel Calleja» y le atribuye cinco interventores, pese a que la propia resolución posterior de la Junta reconoce que Raquel no era candidata proclamada a la Asamblea ni todavía candidata a la Presidencia, sino una «posible futura candidata». La contradicción resulta todavía más llamativa porque Raquel Calleja seguía formando parte de la Comisión Gestora, que debe mantener una posición objetiva y neutral durante el proceso electoral.
El Comité obliga ahora a la Junta Electoral a pronunciarse expresamente sobre el fondo del asunto, el objeto de los recursos y la designación de interventores, y a remitir su respuesta y la documentación correspondiente en un plazo improrrogable de un día hábil.
La resolución todavía no decide si los nombramientos fueron válidos o no, pero sí deja claro que la cuestión debe ser aclarada documentalmente y no puede darse por resuelta con una explicación genérica sobre quién puede ser interventor.

Y, leyendo la providencia, uno tiene la impresión de que al CGXD le ha pasado algo parecido a lo que me ocurrió a mí al recibir la respuesta de la Junta Electoral: preguntarse si aquella argumentación jurídica estaba inspirada por el Reglamento Electoral… o por Groucho Marx. Porque sostener al mismo tiempo que Raquel Calleja no era candidata y que existía una «Candidatura de Raquel Calleja» con cinco interventores recuerda inevitablemente aquello de que «estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros».
Groucho Marx lo explicaría así (ACTUALIZACIÓN)
La siguiente conversación es, evidentemente, una recreación satírica de las contradicciones que han dado lugar a los recursos.
—Sr. Sande, Raquel no era candidata.
—Perfecto. Entonces, ¿cómo podía tener una candidatura con cinco interventores?
—Muy sencillo: porque podía ser interventora.
—No pregunto si podía ser interventora. Pregunto cómo podía nombrar interventores si no era candidata.
—Porque cualquier mayor de edad puede ser interventor.
—Magnífico. ¿Y quién los nombró?
—La candidatura de Raquel.
—Pero acabamos de quedar en que Raquel no era candidata.
—Exactamente. Era una posible candidata.
—Entonces una posible candidatura puede tener cinco interventores antes de existir la candidatura.
—Bueno… Raquel podía ser interventora.
—Volvemos al principio. ¿Quién presentó la solicitud de los cinco interventores?
—Eso habrá que comprobarlo.
—Curioso, porque ustedes ya los habían autorizado.
—Pero hicimos una consulta jurídica y nos dijeron que una futura candidata podía ser interventora.
—¿Y preguntaron si una persona que todavía no era candidata podía nombrar cinco interventores?
—No exactamente.
—¿Y explicaron en esa consulta que Raquel seguía formando parte de la Comisión Gestora de la FEGAXA?
—…
—Lo pregunto porque quizá ese pequeño detalle tuviera algún interés cuando se consulta sobre la participación electoral de alguien integrado en un órgano que debe mantener objetividad, transparencia e igualdad durante las elecciones.
—Pero la respuesta decía que cualquier mayor de edad puede ser interventor.
—Perfecto. Entonces Raquel también podría haber nombrado como interventores a los tres miembros de la propia Junta Electoral. Son mayores de edad.
—Eso sería absurdo.
—También podría haber nombrado al resto de miembros de la Comisión Gestora.
—La norma no puede interpretarse así.
—Exactamente. Por fin estamos de acuerdo. Pero no nos desviemos del asunto, una cosa es quién puede ser nombrado interventor y otra quién tiene derecho a nombrarlo.
—Además, Raquel finalmente no acudió a la mesa.
—Entonces, si ustedes autorizan algo cuya legalidad se cuestiona pero luego una de las personas acreditadas no lo utiliza, ¿el acto deja de haber existido?
—No exactamente…
—¿Y los otros cuatro interventores atribuidos a aquella candidatura también desaparecen?
—No.
—Entonces seguimos teniendo cinco interventores atribuidos a una candidatura que ustedes mismos dicen que todavía no existía.
—Pero cualquier mayor de edad…
—Sí. Esa parte ya nos la sabemos.
Y entonces aparece el Comité Galego de Xustiza Deportiva
Naturalmente, el Comité no habla en estos términos. Pero si traducimos al lenguaje de Groucho Marx lo que sucede después de recibir los tres recursos acumulados, la conversación podría continuar así:
—Buenos días, Junta Electoral. Hemos recibido tres recursos sobre el mismo asunto.
—Sí, pero ya explicamos que Raquel podía ser interventora.
—Lo hemos leído.
—Porque cualquier persona mayor de edad puede ser interventora.
—Eso también lo hemos leído.
—Entonces está solucionado.
—No exactamente. Queremos que se pronuncien sobre el fondo del asunto, sobre el objeto de los recursos y sobre la designación de los interventores.
—¿Otra vez?
—Sí. Esta vez sobre lo que preguntan los recursos.
—Podemos volver a explicar que Raquel era una futura candidata.
—Precisamente uno de los problemas planteados es que ustedes mismos reconocieron que todavía no era candidata, mientras el Acta 08/26 hablaba de una «Candidatura de D.ª Raquel Calleja Modia» con cinco interventores.
—Pero podía ser interventora.
—Eso no identifica quién efectuó los nombramientos ni en nombre de qué candidatura.
—Tenemos una consulta jurídica.
—Muy bien. Entonces aporten la documentación que corresponda.
—¿También la consulta?
—Si la consideran pertinente, tendrán ocasión de remitirla junto con su pronunciamiento.
—¿Y podemos explicar que Raquel no se presentó finalmente en la mesa?
—Pueden explicar lo que estimen oportuno. Pero tienen que pronunciarse sobre la designación de los interventores.
—Entendido. ¿Tenemos un mes?
—No.
—¿Una semana?
—Tampoco.
—¿Tres días?
—Un día hábil.
—Bueno, siempre podremos pedir una prórroga.
—Improrrogable.
—Entonces tendremos que mirar quién nombró realmente a los cinco interventores.
—Esa parece una excelente idea.
—¿Y si resulta que fue Raquel?
—Explíquenlo.
—¿Y si volvemos a contestar simplemente que cualquier mayor de edad puede ser interventor?
—Pueden intentarlo. Pero esta vez quizá convenga responder también a la pregunta.
Y aquí Groucho Marx dejaría probablemente de tomar notas, cerraría la libreta y diría que incluso para él hay contradicciones que necesitan un poco más de explicación.