Denuncia a la Junta Electoral ante Secretaría Xeral Deporte

Hoy me juego en Vilagarcía el segundo puesto del Circuito gallego de Ajedrez (último torneo!)

y mañana en Vimianzo el primer puesto del Circuito provincial de ajedrez de la Diputación de Coruña (a falta de otro torneo)

Pero la lucha por los valores democráticos no admite descanso, por lo que desde las seis de la mañana redactando Denuncia a las actuaciones de la Junta electoral ante la Secretaría Xeral del Deporte,

Esta denuncia es complementaria de al menos otras siete u ocho recuros y denuncias realizadas por diversas personas.

Me preguntan amigos si realmente merece la pena este desgaste de tiempo, energía (y después dinero en los procesos judiciales), ya que no tengo ningún interés personal en quién dirija la Federación. Pues precisamente por eso creo que merece la pena, luchar para reglas de juego limpias e intentar que el ajedrez gallego no se divida entre lo que les parece bien todo y los que no.

«Judicializar» el deporte

Estos días ya ha aparecido un primer mantra: que quienes cuestionamos determinadas actuaciones estamos «dividiendo al ajedrez gallego». Sospecho que el segundo llegará pronto: «estáis judicializando el deporte».

Pero conviene explicar qué significa realmente eso.

En unas elecciones federativas existe una cadena de controles perfectamente prevista por la normativa. Primero resuelve la Xunta Electoral de la propia federación. Sus decisiones pueden recurrirse ante el Comité Galego de Xustiza Deportiva, órgano administrativo de la Xunta. Y, agotada la vía administrativa, existe la posibilidad de acudir a la jurisdicción contencioso-administrativa.

Por tanto, acudir finalmente a un juez no significa sacar el deporte de su ámbito natural. Significa utilizar la última garantía prevista por el propio sistema.

Lo verdaderamente extraño sería lo contrario: que una federación pudiera organizar sus elecciones, resolver internamente todas las reclamaciones y que ninguna decisión pudiera ser revisada desde fuera.

Por eso me llama la atención que la palabra «judicializar» se utilice casi siempre con sentido negativo. Mientras todo queda dentro de la propia estructura deportiva, parece formar parte de la normalidad. Cuando aparece la posibilidad de que un juez independiente revise lo sucedido, entonces parece surgir el problema.

Yo lo veo exactamente al revés.

Recurrir no es atacar a una institución. Es utilizar las reglas que esa misma institución y la ley han establecido para resolver los desacuerdos.

Y si las decisiones están bien fundamentadas, los hechos correctamente acreditados y las normas correctamente aplicadas, el control judicial no debería preocupar a nadie.

Por eso, si finalmente alguien afirma que estamos «judicializando el ajedrez gallego», mi respuesta será sencilla:

No se judicializa el deporte por utilizar los recursos previstos en la ley. Pedir que una decisión pueda ser revisada por un juez independiente no es una anomalía del sistema. Es una garantía del sistema.

PD: ya he presentado mi recurso de reposición ante el CGXD y una Denuncia autónoma de los hechos, soy perfectamente consciente de que es difícil que el mismo que emitió una resolución se corrija así mismo, pero quiero agotar todas las posibilidades antes de «judicializar el deporte».

Xusticia deportiva desestima por formalismos

El Comité Galego de Xustiza Deportiva acaba de desestimar los recursos relacionados con la polémica designación de interventores en las elecciones de la Federación Galega de Xadrez. Pero conviene explicar bien qué significa esta resolución: el Comité no ha entrado en el fondo de la cuestión.

Quienes llevamos años peleando con la Administración y ante la jurisdicción contencioso-administrativa sabemos que esto es bastante habitual. Antes de analizar si lo denunciado es correcto o incorrecto, el órgano que resuelve examina si se ha seguido exactamente el camino procesal adecuado, si quien reclama está legitimado y si cada cuestión fue planteada previamente ante el órgano correspondiente.

En mi caso seguí la secuencia Junta Electoral–Comité Galego de Xustiza Deportiva. Sin embargo, el Comité considera ahora que la propia Junta Electoral se equivocó al admitir inicialmente mi reclamación, porque yo no era candidato ni elector en estas elecciones y, por tanto, entiende que carecía del interés directo necesario para plantearla.

Eso provoca un efecto en cadena. Los recursos posteriores de otros candidatos y por tanto directamente interesados, tampoco permiten al Comité entrar ahora en determinadas cuestiones porque, según la resolución, se incorporaron al procedimiento cuando este ya estaba en marcha. El Comité considera que debieron haber presentado ellos mismos esas reclamaciones previamente ante la Junta Electoral.

Puede resultar frustrante, incluso indignante, comprobar cómo cuestiones aparentemente importantes quedan sin respuesta por razones procesales. Pero en el derecho administrativo esto ocurre constantemente.

Después de muchos años de recursos, reclamaciones y procedimientos, uno aprende que avanzar rara vez significa hacerlo en línea recta. A veces se avanzan dos pasos, una resolución obliga a retroceder uno y hay que presentar un nuevo escrito para volver a avanzar.

Lo importante aquí es que el fondo sigue abierto. El propio Comité deja expresamente claro que no se pronuncia sobre si los nombramientos de interventores fueron legales o ilegales ni sobre las restantes irregularidades denunciadas. Ahora toca volver al punto procesal que señala la resolución y continuar.

ACTUALIZACIÓN: Me consta que al menos un candidato legitimado ha presentado ya de nuevo denuncia ante la Junta Electoral de estos hechos, por lo se volverá al fondo de la cuestión.

Por mi parte, presentaré hoy un recurso de reposición ante el Comité de Xusticia deportiva y una Denuncia independiente del recurso ante el mismo comité.

Como siempre en administrativo, te envían un paso atrás, para que vuelvas a intentar dos hacia delante. Esto va a ser así los próximos 4 años con la FEGAXA.

Dividir el ajedrez gallego

Ayer un amigo que va en la «lista oficialista» me dijo algo que me sorprendió bastante: que yo estaba «dividiendo el ajedrez gallego».

Aclaro que «oficialista» es el término que yo utilizo para referirme a ese sector. Evidentemente, nunca se me ocurriría pensar que desde la propia estructura federativa se puedan promover, organizar o configurar listas electorales…¡y además ser tan torpe para dejar rastro de ello!. Una federación debe ser neutral y esas cosas, naturalmente, no pasan… o no deberían pasar.

Pues bien, la frase me hizo pensar, porque encierra una forma de entender las organizaciones que, por desgracia, no es exclusiva del ajedrez. Cuando durante muchos años se consolidan determinadas estructuras de poder, determinadas personas y determinados grupos de intereses, puede acabar instalándose la idea de que la unidad consiste en aceptar lo que ya existe.

Y entonces sucede algo curioso: quien propone una alternativa «divide»; quien pregunta, molesta; quien discrepa, genera conflictos; y quien no se alinea con las candidaturas o con el pensamiento oficialista pasa a ser visto como alguien que perjudica al colectivo.

Pero la democracia funciona exactamente al revés.

Que existan distintas ideas, candidaturas y proyectos no divide una organización. La pluralidad es precisamente una condición necesaria para que una organización sea democrática. Lo preocupante sería que nadie plantease alternativas y que todos aceptasen que las mismas estructuras deben reproducirse indefinidamente.

Con el tiempo puede producirse además una confusión peligrosa: identificar los intereses de quienes están alrededor de la federación con los intereses del propio ajedrez gallego.

Y entonces aparece una idea muy cómoda: nosotros representamos la unidad; los demás representan la división.

Creo, además, que este tipo de ideas terminan funcionando como auténticos mantras internos. En determinados círculos se repiten una y otra vez las mismas expresiones —«están dividiendo el ajedrez gallego», «están creando problemas», «esto perjudica al ajedrez»— hasta construir una especie de código compartido. Y lo más interesante es que esa repetición acaba calando incluso en personas inteligentes, independientes y con sentido crítico, que terminan utilizando esas mismas palabras y aceptando, casi sin advertirlo, el marco mental del grupo.

Ese es precisamente el poder de un mantra: de tanto repetirse deja de percibirse como una opinión y empieza a sentirse como una evidencia. Ya no hace falta demostrar por qué una alternativa «divide». Se da por supuesto.

Pero una federación no pertenece a quienes la gobiernan ni a quienes llevan más años cerca de ella.

Por eso resulta especialmente llamativo que se pueda acusar a alguien de «dividir» simplemente por pedir que unas elecciones se desarrollen con todas las garantías, que las candidaturas tengan una existencia real y jurídicamente reconocible cuando corresponda, o que quienes forman parte de una comisión gestora mantengan la neutralidad que exige su función y no utilicen esa posición para favorecer proyectos electorales futuros.

Pedir que se cumplan las reglas no divide una federación.

Fiscalizar un proceso electoral tampoco.

Y recurrir una decisión cuando uno considera que no se ajusta a la normativa es precisamente utilizar los mecanismos que el propio sistema democrático establece.

Mi experiencia reciente me ha hecho reflexionar también sobre algo todavía más preocupante.

En dos ocasiones se me advirtió de posibles consecuencias sancionadoras. Y ni siquiera fue por realizar una crítica especialmente dura a la Federación. Fue, sencillamente, por difundir un programa electoral ajeno con el que yo no tenía ninguna vinculación, una información objetiva dentro de un proceso electoral.

Ese episodio me parece muy significativo.

Porque cuando el simple hecho de difundir una alternativa puede interpretarse como una conducta merecedora de advertencias sancionadoras, el problema ya no es quién apoya a quién.

El problema es qué concepto se tiene de la libertad de participación y de expresión dentro de una organización.

Una federación democrática debería poder soportar perfectamente que sus miembros conozcan distintos programas, que existan distintas candidaturas, que se formulen recursos y que alguien pregunte si quienes deben garantizar la neutralidad electoral están actuando realmente con la distancia exigible.

Nada de eso divide al ajedrez gallego.

Lo que sí puede dividirlo es convertir la discrepancia en deslealtad y la fiscalización en una agresión contra la institución.

También existe otro riesgo. Cuando durante años se forman grupos, relaciones e intereses alrededor de una organización, se puede acabar creyendo sinceramente que esa estructura es natural. Después llegan unas elecciones y, si ese grupo obtiene una mayoría, el resultado parece otorgar retrospectivamente un barniz de legitimidad a todo lo ocurrido.

Pero ganar unas elecciones no convierte automáticamente en correcto todo lo que se hizo para llegar hasta ellas.

Especialmente en unas federaciones deportivas cuyo sistema electoral ya presenta de por sí importantes limitaciones de representatividad: primero se configura una asamblea y posteriormente esa asamblea elige al presidente. Por eso es tan importante que la formación de esa asamblea sea transparente, plural y escrupulosamente respetuosa con las reglas.

Quizá eso sea precisamente lo que más incomoda: que alguien mire desde fuera de las estructuras habituales y empiece a preguntar.

Es el viejo cuento del rey desnudo.

A veces no hace falta descubrir ninguna gran conspiración. Basta con mirar aquello que durante años se había asumido como normal y preguntar por qué funciona así.

Y entonces el problema puede dejar de ser aquello que se señala para pasar a ser quien lo señala:

«Estás creando problemas».

«Estás enfrentando a la gente».

«Estás dividiendo el ajedrez gallego».

No.

Dividir sería impedir que otros pudieran expresarse. Dividir sería considerar enemigos a quienes presentan una alternativa. Dividir sería pretender que fiscalizar unas elecciones es atacar a la Federación. Dividir sería intentar que el coste de discrepar fuese tan alto que la gente terminase prefiriendo callarse.

Presentar alternativas, difundirlas, pedir transparencia, recurrir decisiones y exigir neutralidad institucional no divide.

Es democracia.

Soy consciente de que, para quienes ya han interiorizado ese pensamiento único federativo y oficialista, este escrito será demasiado largo. Probablemente la mayoría de ellos ni siquiera lleguen hasta aquí.

No importa.

Porque los escritos quedan.

Yo mismo he aprendido muchas veces leyendo algo que alguien escribió hace cinco, diez o veinte años y que, de repente, cobra sentido cuando aparece una situación parecida. A veces un texto que en su momento parecía menor termina convirtiéndose años después en una pieza útil para entender cómo funcionaban determinadas estructuras, qué argumentos se utilizaban y qué ocurrió cuando alguien decidió cuestionarlas.

Por eso creo que existe también una responsabilidad en dejar constancia.

Dejar constancia de los recursos que se presentan. De las respuestas de una Junta Electoral. De las decisiones que se adoptan. De las preguntas que se hacen. Y también de los silencios.

No sé cómo terminará este proceso electoral y, en el fondo, para esta reflexión tampoco es lo más importante.

Lo importante es que mañana, dentro de un año o dentro de diez, puede producirse una situación semejante en otra federación, en otro deporte o en cualquier otra organización.

Puede volver a aparecer un sector oficialista convencido de que lo verdaderamente importante es ganar y que las reglas son algo secundario.

Que da igual quién forme parte de una comisión gestora.

Que da igual si existen candidaturas de hecho antes de que jurídicamente puedan existir.

Que da igual si quienes deberían mantener una posición neutral participan directa o indirectamente en proyectos electorales.

Que da igual cómo se llegue a la victoria siempre que finalmente se gane.

Y precisamente para eso existen las reglas.

No para dificultar las elecciones, sino para impedir que quien tenga más poder pueda utilizarlo sin límites. Para equilibrar posiciones. Para proteger a las minorías. Para garantizar que quienes administran un proceso no puedan confundirse con quienes compiten en él.

Esos son los pequeños resortes democráticos que sostienen cualquier sistema cuando funcionan correctamente.

Y por eso creo que publicar con transparencia lo que está ocurriendo —los recursos, las contestaciones, los argumentos de unos y otros y las resoluciones que finalmente se produzcan— tiene un valor que va mucho más allá de quién gane estas elecciones.

Aunque los recursos sean desestimados.

Aunque todo termine exactamente igual que empezó.

Aunque dentro de unos meses nadie recuerde quién tenía razón.

Porque la transparencia deja memoria.

Y la memoria permite que la próxima persona que se encuentre ante una situación semejante no tenga que empezar desde cero.

Quizá dentro de unos años alguien encuentre estos escritos buscando información sobre unas elecciones en otra federación deportiva y descubra que determinadas preguntas ya se hicieron antes.

Si ocurre eso, habrá merecido la pena.

Porque documentar, preguntar y exigir que las reglas se cumplan no debilita a las federaciones deportivas.

Las hace más democráticas.

PD:

Siempre fue importante dejar constancia. En la era de la inteligencia artificial lo es todavía más, y no dentro de diez años: desde hoy mismo. Estos escritos pueden parecer una página más perdida entre millones de documentos, pero esto ya no funciona así. Hoy cualquiera puede preguntar a una inteligencia artificial cómo fueron las elecciones de la Federación Gallega de Ajedrez, qué recursos se presentaron, qué contestó la Junta Electoral o qué controversias se produjeron. Pero su utilidad va mucho más allá de nuestro pequeño mundo. Alguien puede preguntar mañana —o esta misma tarde— si existen precedentes de miembros de una comisión gestora que hayan participado en la articulación de una futura candidatura, de posibles candidatos que hayan pretendido actuar electoralmente antes de existir formalmente como tales, de nombramientos de interventores, de incumplimientos del deber de neutralidad o de actuaciones de órganos federativos que hayan terminado anuladas o incluso dando lugar a responsabilidades e inhabilitaciones. Y una inteligencia artificial podrá buscar, relacionar, comparar y sintetizar todos esos antecedentes. Por eso publicar documentos, recursos, respuestas y resoluciones no es simplemente contar nuestra batalla electoral: es aportar información a una memoria colectiva que ya hoy puede utilizarse para analizar problemas mucho más amplios de democracia, neutralidad y abuso de poder en las federaciones deportivas. Dejar constancia nunca fue inútil. Ahora lo es menos que nunca y su beneficio para la calidad democrática puede ser extraordinario.

Charla-coloquio con Antonio Gude en Culleredo (2 octubre)

Comparto mensaje que me han enviado desde el Club Ajedrez Culleredo:

Xadrez Culleredo tiene el placer de invitaros a todas las personas que os apetezca venir, a una charla-coloquio sobre la historia y anécdotas del ajedrez, el viernes, 2 de octubre a las 17:00 horas, en Villa Melania (Vilaboa – A Coruña), que será impartida por D. Antonio Gude; como sabéis, fundador de una revista de ajedrez, director de otra, traductor, cronista, jugador, historiador, et, etc…

Su obra magna como historiador: El mejor de los tiempos (2 Vol.) Una historia del ajedrez del siglo XX

Posiblemente su traducción más valiosa: El ajedrez de Torneo. David Bronstein

Y posiblemente su obra más didáctica: Técnica de la combinación de mate

Por supuesto, es gratuita y serán bienvenidas todas las personas -sin excepción- que deseen compartir una enriquecedora tarde de ajedrez y risas.

Apreciad@s compañer@s de ajedrez,

  Un super abrazo,

  Xadrez Culleredo

Xusticia Deportiva da Xunta exige aclarar «candidatura fantasma» de Raquel Calleja (FEGAXA-GROUCHO MARX II)

El Comité Galego de Xustiza Deportiva ha dado un paso relevante en la polémica sobre los interventores atribuidos a la denominada «Candidatura de D.ª Raquel Calleja Modia». En una providencia de 22 de septiembre, el Comité admite y acumula tres recursos presentados al apreciar una identidad sustancial de hechos, razones y pretensiones.

El núcleo de la controversia es claro: el Acta 08/26 de la Junta Electoral reconoce una «Candidatura de Raquel Calleja» y le atribuye cinco interventores, pese a que la propia resolución posterior de la Junta reconoce que Raquel no era candidata proclamada a la Asamblea ni todavía candidata a la Presidencia, sino una «posible futura candidata». La contradicción resulta todavía más llamativa porque Raquel Calleja seguía formando parte de la Comisión Gestora, que debe mantener una posición objetiva y neutral durante el proceso electoral.

El Comité obliga ahora a la Junta Electoral a pronunciarse expresamente sobre el fondo del asunto, el objeto de los recursos y la designación de interventores, y a remitir su respuesta y la documentación correspondiente en un plazo improrrogable de un día hábil.

La resolución todavía no decide si los nombramientos fueron válidos o no, pero sí deja claro que la cuestión debe ser aclarada documentalmente y no puede darse por resuelta con una explicación genérica sobre quién puede ser interventor.

Y, leyendo la providencia, uno tiene la impresión de que al CGXD le ha pasado algo parecido a lo que me ocurrió a mí al recibir la respuesta de la Junta Electoral: preguntarse si aquella argumentación jurídica estaba inspirada por el Reglamento Electoral… o por Groucho Marx. Porque sostener al mismo tiempo que Raquel Calleja no era candidata y que existía una «Candidatura de Raquel Calleja» con cinco interventores recuerda inevitablemente aquello de que «estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros».


Groucho Marx lo explicaría así (ACTUALIZACIÓN)
La siguiente conversación es, evidentemente, una recreación satírica de las contradicciones que han dado lugar a los recursos.
—Sr. Sande, Raquel no era candidata.
—Perfecto. Entonces, ¿cómo podía tener una candidatura con cinco interventores?
—Muy sencillo: porque podía ser interventora.
—No pregunto si podía ser interventora. Pregunto cómo podía nombrar interventores si no era candidata.
—Porque cualquier mayor de edad puede ser interventor.
—Magnífico. ¿Y quién los nombró?
—La candidatura de Raquel.
—Pero acabamos de quedar en que Raquel no era candidata.
—Exactamente. Era una posible candidata.
—Entonces una posible candidatura puede tener cinco interventores antes de existir la candidatura.
—Bueno… Raquel podía ser interventora.
—Volvemos al principio. ¿Quién presentó la solicitud de los cinco interventores?
—Eso habrá que comprobarlo.
—Curioso, porque ustedes ya los habían autorizado.
—Pero hicimos una consulta jurídica y nos dijeron que una futura candidata podía ser interventora.
—¿Y preguntaron si una persona que todavía no era candidata podía nombrar cinco interventores?
—No exactamente.
—¿Y explicaron en esa consulta que Raquel seguía formando parte de la Comisión Gestora de la FEGAXA?
—…
—Lo pregunto porque quizá ese pequeño detalle tuviera algún interés cuando se consulta sobre la participación electoral de alguien integrado en un órgano que debe mantener objetividad, transparencia e igualdad durante las elecciones.
—Pero la respuesta decía que cualquier mayor de edad puede ser interventor.
—Perfecto. Entonces Raquel también podría haber nombrado como interventores a los tres miembros de la propia Junta Electoral. Son mayores de edad.
—Eso sería absurdo.
—También podría haber nombrado al resto de miembros de la Comisión Gestora.
—La norma no puede interpretarse así.
—Exactamente. Por fin estamos de acuerdo. Pero no nos desviemos del asunto, una cosa es quién puede ser nombrado interventor y otra quién tiene derecho a nombrarlo.
—Además, Raquel finalmente no acudió a la mesa.
—Entonces, si ustedes autorizan algo cuya legalidad se cuestiona pero luego una de las personas acreditadas no lo utiliza, ¿el acto deja de haber existido?
—No exactamente…
—¿Y los otros cuatro interventores atribuidos a aquella candidatura también desaparecen?
—No.
—Entonces seguimos teniendo cinco interventores atribuidos a una candidatura que ustedes mismos dicen que todavía no existía.
—Pero cualquier mayor de edad…
—Sí. Esa parte ya nos la sabemos.

Y entonces aparece el Comité Galego de Xustiza Deportiva
Naturalmente, el Comité no habla en estos términos. Pero si traducimos al lenguaje de Groucho Marx lo que sucede después de recibir los tres recursos acumulados, la conversación podría continuar así:
—Buenos días, Junta Electoral. Hemos recibido tres recursos sobre el mismo asunto.
—Sí, pero ya explicamos que Raquel podía ser interventora.
—Lo hemos leído.
—Porque cualquier persona mayor de edad puede ser interventora.
—Eso también lo hemos leído.
—Entonces está solucionado.
—No exactamente. Queremos que se pronuncien sobre el fondo del asunto, sobre el objeto de los recursos y sobre la designación de los interventores.
—¿Otra vez?
—Sí. Esta vez sobre lo que preguntan los recursos.
—Podemos volver a explicar que Raquel era una futura candidata.
—Precisamente uno de los problemas planteados es que ustedes mismos reconocieron que todavía no era candidata, mientras el Acta 08/26 hablaba de una «Candidatura de D.ª Raquel Calleja Modia» con cinco interventores.
—Pero podía ser interventora.
—Eso no identifica quién efectuó los nombramientos ni en nombre de qué candidatura.
—Tenemos una consulta jurídica.
—Muy bien. Entonces aporten la documentación que corresponda.
—¿También la consulta?
—Si la consideran pertinente, tendrán ocasión de remitirla junto con su pronunciamiento.
—¿Y podemos explicar que Raquel no se presentó finalmente en la mesa?
—Pueden explicar lo que estimen oportuno. Pero tienen que pronunciarse sobre la designación de los interventores.
—Entendido. ¿Tenemos un mes?
—No.
—¿Una semana?
—Tampoco.
—¿Tres días?
—Un día hábil.
—Bueno, siempre podremos pedir una prórroga.
—Improrrogable.
—Entonces tendremos que mirar quién nombró realmente a los cinco interventores.
—Esa parece una excelente idea.
—¿Y si resulta que fue Raquel?
—Explíquenlo.
—¿Y si volvemos a contestar simplemente que cualquier mayor de edad puede ser interventor?
—Pueden intentarlo. Pero esta vez quizá convenga responder también a la pregunta.
Y aquí Groucho Marx dejaría probablemente de tomar notas, cerraría la libreta y diría que incluso para él hay contradicciones que necesitan un poco más de explicación.

Paralelismos elecciones FEGAXA 2004-2026 (en recuerdo de Carlos Permuy)

Hoy he remitido un burofax a los miembros de la Comisión Gestora de la Federación Galega de Xadrez.

Descargar el burofax

Considero que, al margen de los recursos y reclamaciones que se están tramitando por las vías correspondientes, los integrantes de la Comisión Gestora deben conocer personalmente lo que está sucediendo durante este proceso electoral.

Y creo que deben conocerlo en sus dos vertientes: tanto en relación con la situación de Raquel Calleja, secretaria general de la Federación, integrante de la propia Comisión Gestora y vinculada públicamente a su posible futura candidatura, como en relación con los requerimientos y el apercibimiento de posible expediente sancionador que he recibido yo mismo por publicar información sobre las elecciones.

No pretendo con este escrito anticipar cuál debe ser la resolución de los distintos recursos planteados. Para eso están la Xunta Electoral y, en su caso, el Comité Galego de Xustiza Deportiva.

Pero sí considero importante que los miembros de la Comisión Gestora sepan exactamente qué está ocurriendo y puedan formarse su propia opinión.

Y todo esto me ha llevado inevitablemente a recordar otra época del ajedrez gallego.

Hace más de veinte años

Quienes llevamos suficientes años en el ajedrez gallego recordamos la última etapa de la presidencia de Rafael del Río.

No voy a reconstruir aquí toda aquella transición ni los problemas administrativos que se produjeron posteriormente. Hubo además una presidencia intermedia y determinadas circunstancias burocráticas que hicieron que Gaspar Pérez Carnero no pudiera asumir formalmente la Presidencia en 2004.

No es eso lo importante para esta reflexión.

Lo relevante es que 2004 marca, en la práctica, el final de la etapa de Rafael del Río y el comienzo de la que podríamos denominar era Gaspar.

Gaspar figuró formalmente como vicepresidente entre 2004 y 2006 y pasó a ser presidente de FEGAXA desde 2006. Pero el cambio político y federativo se había producido ya dos años antes.

Por eso considero razonable hablar de una etapa 2004-2026, aunque durante sus dos primeros años Gaspar no ocupase formalmente la Presidencia.

Y resulta interesante recordar cómo se llegó a aquel cambio.

El caso de Carlos Permuy

Uno de los episodios que más impacto tuvo en aquellos años fue el expediente disciplinario abierto contra Carlos Permuy, uno de los jugadores más conocidos, carismáticos y peculiares que ha tenido el ajedrez gallego.

El asunto terminó llegando hasta el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia.

El tema arrancó el 2 de julio de 1999, Rafael del Río, entonces presidente de la Federación Gallega de Ajedrez, remitió al Juez Único de la Federación un comunicado que había aparecido publicado en la revista Jaque, para que se examinase si su contenido podía constituir una infracción disciplinaria.

Tres días después se incoó expediente.

El procedimiento terminó inicialmente con una sanción extraordinariamente grave: un año de suspensión de los derechos federativos, incluida la privación de licencia federativa.

Y Carlos Permuy no era precisamente una figura marginal.

Era uno de los jugadores gallegos más fuertes y conocidos de su generación y vivía profesionalmente del ajedrez. Privarle de licencia no era simplemente impedirle jugar algún torneo. Era afectar directamente a su actividad profesional.

No fue un episodio aislado

Además, mi recuerdo de aquella época es que el conflicto de Carlos Permuy no fue el único.

También se produjeron actuaciones disciplinarias o intentos de sanción contra dos jugadores jóvenes. Es muy importante el efecto que fueron produciendo estos episodios.

Lo que inicialmente podía parecer una serie de conflictos particulares entre la Federación y determinados jugadores terminó generando una sensación cada vez más extendida de que existía un problema en la forma en que se estaba gestionando la Federación.

Y ahí empezó a producirse algo interesante.

Cuando varios conflictos individuales terminan convirtiéndose en un problema institucional

No utilizaría la palabra “sublevación”, porque probablemente sería excesiva.

Lo que se fue produciendo fue algo más natural: la formación progresiva de una oposición transversal a la gestión federativa existente.

Personas que seguramente discrepaban entre ellas en multitud de cuestiones empezaron a coincidir en algo: consideraban necesario un cambio.

Jugadores, clubes y personas procedentes de ámbitos diferentes del ajedrez gallego fueron confluyendo progresivamente.

Y aquella oposición terminó ganando y se produjo un cambio de era.

Por qué he enviado un burofax a los miembros de la Comisión Gestora

Quiero que conozcan directamente la situación.

Quiero que sepan qué actuaciones se han producido respecto de mis publicaciones y qué cuestiones se han planteado respecto de la posición de Raquel Calleja.

No quiero que dentro de unos meses pueda afirmarse que los miembros de la Comisión Gestora desconocían lo que estaba sucediendo.

Cada uno de ellos podrá valorar libremente los hechos y adoptar la posición que considere conveniente.

No les estoy pidiendo que me den la razón.

Les estoy pidiendo que conozcan la situación.

Porque las instituciones colectivas funcionan también sobre la base de responsabilidades individuales.

Formar parte de una Comisión Gestora no puede consistir simplemente en aparecer en una relación de nombres. Sus miembros tienen funciones y responsabilidades durante un proceso especialmente delicado como es una transición electoral.

La historia a veces ofrece advertencias interesantes

Y aquí es donde vuelvo inevitablemente a lo sucedido hace más de veinte años.

Los problemas institucionales raramente aparecen de repente.

Normalmente comienzan con pequeños conflictos que parecen afectar únicamente a una persona.

Primero hay un problema con un jugador.

Después otro.

Después aparece un expediente.

Después alguien considera injusta una decisión.

Y en un primer momento cada cuestión parece independiente de las demás.

Hasta que llega un momento en que diferentes personas comienzan a preguntarse si realmente están ante una sucesión de casos particulares o ante un problema más general de funcionamiento institucional.

Eso fue, al menos en parte, lo que ocurrió al final de la etapa de Rafael del Río.

El expediente contra Carlos Permuy y otros conflictos de aquellos años contribuyeron a generar un malestar que terminó agrupando a personas muy diferentes alrededor de una idea común: la necesidad de un cambio en FEGAXA.

Ese cambio se produjo en 2004.

Y abrió una nueva etapa que, con sus luces, sus sombras y una duración extraordinaria, llega ahora a un momento decisivo en 2026.

No sé cuál será el resultado de estas elecciones. Tampoco sé si estas serán las elecciones en las que se produzca un cambio de etapa.

Puede que no.

La historia institucional no siempre avanza al ritmo de los calendarios electorales. A veces una mayoría se mantiene, un proceso termina sin grandes modificaciones y, aparentemente, todo continúa igual.

Pero solo aparentemente.

Porque los cambios profundos suelen comenzar mucho antes de hacerse visibles. Empiezan cuando determinados hechos dejan de percibirse como episodios aislados; cuando personas que hasta entonces permanecían al margen empiezan a hacerse preguntas; cuando se acumulan dudas sobre determinadas formas de actuar; cuando aparecen voces críticas procedentes de lugares diferentes y cuando cuestiones que antes apenas despertaban atención comienzan a discutirse abiertamente.

Eso también ocurrió hace más de veinte años.

Por eso, quizá la pregunta importante no sea únicamente quién ganará las elecciones de 2026.

La pregunta es qué está empezando a cambiar en el ajedrez gallego.

Puede que estas elecciones no sean todavía las elecciones del cambio. Pero algunos de los mecanismos que hacen posibles los cambios ya se han puesto en marcha.

Y, como ocurrió hace más de veinte años, solo el tiempo permitirá saber hasta dónde llegan.

Clase «Ventaja de espacio» en Club Ajedrez Coruña

En menos de dos años, el Club de Ajedrez Coruña se está convirtiendo en uno de los mejores clubs gallegos.

Así resumen sus logros en su web:

Yo resaltaría dos cosas:

  • Tienen una docencia bien estructurada (con los maestros cubanos Carla y Marco).
  • Son capaces de idear y ejecutar festivales de ajedrez que no han existido nunca en Galicia, como el María Pita el mayo pasado, que tuvo 2 cerrados femeninos, un open estándar y un torneo rápido.

Pues bien, este sábado pasado, me pidieron que impartiera a su grupo de tecnificación una clase de dos horas. El listón estaba alto, porque me había precedido el MI Mariano Ortega, que es un gran entrenador. Elegí el tema de la «ventaja de espacio» porque creo que un concepto que entenderlo bien mejora mucho la comprensión y se traduce rápido en muchas partidas ganadas (o no perdidas) cada año.

He creado una nueva sección en el blog donde compartiré los materiales de ajedrez que vaya elaborando.

La ventaja de espacio (clase impartida en Club Ajedrez Coruña 19-09-2026)

Actas confirman «Candidatura Raquel Calleja» y papel activo de sus interventores

Hoy se han publicado las actas de las mesas presenciales de votación de Padrón y Vigo. En ambas hubo interventores de la «Cantidatura de Raquel Calleja Modia» y en la Padrón tuvo un papel activo como consta en la misma recogiendo protestas.

En segundo lugar partimos ya de un incumplimiento del Reglamento electoral, ya que tenían que haberse publicado el domingo pasado (art.28.9) , y no hoy viernes (5 días de retraso).

Tampoco se ha publicado el acta de la votación por correo del pasado martes.

Todo esto me obliga a presentar una AMPLIACIÓN DE MI RECURSO AL COMITÉ CON LA DOCUMENTACIÓN SOBREVENIDA.

«No se sostiene necesariamente que exista parcialidad subjetiva de los integrantes de la Xunta Electoral. Lo que se plantea es algo objetivamente más preocupante: que la propia Xunta Electoral ha construido una categoría jurídica inexistente —la de «posible candidata»— y, a partir de ella, ha tratado como si existiese una candidatura a quien la propia resolución reconoce que no era candidata ni a la Asamblea General ni todavía a la Presidencia.
Esa categoría de «posible candidata» no aparece ni en el Decreto 16/2018 ni en el Reglamento Electoral, y no puede convertirse mediante una resolución de la Xunta Electoral en un título habilitante para ejercer facultades que las normas reservan expresamente a candidaturas o personas candidatas formalmente existentes.»

La imparcialidad de la comisión gestora: sentencias y sanciones

Es algo sobre lo que ya escribí en el pasado a propósito de las elecciones de la FEDA. La idea es muy clara: durante un proceso electoral, quienes gestionan una federación no solo deben actuar con imparcialidad, sino evitar actuaciones que puedan comprometer la neutralidad, la objetividad y la igualdad entre quienes participan en las elecciones.

La Junta Electoral puede interpretar estas situaciones de una manera más o menos estricta. El Comité Galego de Xustiza Deportiva puede adoptar después el criterio que considere jurídicamente procedente. Pero existen precedentes en los que, cuando estas cuestiones han terminado ante los tribunales de justicia, las consecuencias han llegado a ser muy serias.

Caso Villar (Fútbol). El más mediático. La sentencia avaló la destitución del Presidente elegido que mientras estaba en la Comisión gestora organizó su candidatura.

Además como vemos condenaron en costas judiciales al Presidente destituido

En 2021, el Tribunal Constitucional (STC 5/2021), confirmó la legitimidad de imponer un deber de neutralidad a órganos federativos durante unas elecciones.

¿Y qué está ocurriendo en FEGAXA?

En nuestro caso, la secuencia documental es la siguiente:

1. Raquel Calleja mantiene desde hace años una relación laboral remunerada con FEGAXA realizando funciones administrativas. Las cuentas de la propia Federación recogen salarios a su nombre, al menos, en 2020, 2022, 2024 y 2025.

2. Al convocarse las elecciones de 2026, Raquel Calleja fue incluida como secretaria de la Comisión Gestora, órgano encargado de gestionar la Federación durante el proceso electoral y sometido expresamente a los principios de objetividad, transparencia e igualdad.

3. El 5 de agosto, después de producirse la renuncia de numerosos miembros de la Comisión Gestora para presentarse como candidatos a la Asamblea, la Junta Electoral reorganizó la Gestora y mantuvo en ella únicamente a Gaspar Pérez, Raquel Calleja y Ángel Francisco Vilas. Raquel Calleja, por tanto, continuaba formalmente formando parte de la Comisión Gestora.

4. Raquel Calleja no figuraba entre las candidaturas proclamadas a la Asamblea General. Además, en esas fechas todavía no se había abierto el plazo para presentar candidaturas a la Presidencia, que el calendario electoral sitúa posteriormente.

5. Pese a ello, el 10 de septiembre la propia Junta Electoral publicó un acta con un apartado denominado literalmente «Candidatura de Dª. Raquel Calleja Modia», en el que constaban interventores designados para las mesas electorales de Vigo, Padrón y voto por correo. La Junta Electoral autorizó expresamente su asistencia.

6. El Reglamento Electoral establece que son las personas candidatas quienes pueden nombrar interventores «de su candidatura». Al mismo tiempo, establece que quienes presenten candidatura a los órganos de gobierno o representación deben cesar en la Comisión Gestora y que esta debe mantener objetividad, transparencia e igualdad durante todo el proceso.

La cuestión, por tanto, es bastante sencilla: ¿cómo podía existir el 10 de septiembre una denominada por la propia Junta Electoral «candidatura de Raquel Calleja», con interventores acreditados por la Junta, si Raquel no era candidata a la Asamblea, todavía no estaba abierto el plazo para presentar candidatura a la Presidencia y continuaba constando como miembro de la Comisión Gestora?

No estoy afirmando aquí cuál debe ser la consecuencia jurídica. Eso tendrán que resolver los órganos competentes a partir de la documentación y de las reclamaciones presentadas. Lo que resulta difícil de discutir es que existe una situación que necesita una explicación clara.

¿Qué creo que va a ocurrir ahora?

Esta es la pregunta que más me están haciendo estos días. A algunos, por cierto, parece preocuparles sobre todo si todo este lío va a retrasar el comienzo de la Liga.

Ayer no pudo constituirse la mesa del voto por correo al no comparecer las personas necesarias para integrarla, lo que inevitablemente introduce un nuevo retraso en el calendario. Habrá que ver ahora cómo se reorganiza el proceso.

Además, el volumen del voto por correo parece ser muy elevado en comparación con el voto presencial. Antes de extraer conclusiones de ese voto habrá que comprobar, naturalmente, que todo el procedimiento se ha desarrollado conforme al Reglamento: plazos, identificación de los electores, trazabilidad, custodia de la documentación, constitución de la mesa y escrutinio, así como si todas las candidaturas y personas interesadas dispusieron de las mismas condiciones de acceso a la información relevante sobre el voto por correo, sin que ninguna de ellas hubiera podido contar con información anticipada, diferenciada o no accesible en iguales condiciones al resto.

El resultado de ese voto por correo puede modificar sustancialmente la composición definitiva de la Asamblea, y será esa Asamblea la que posteriormente elija a la Presidencia de FEGAXA.

Mientras tanto existen distintas reclamaciones relacionadas con el proceso electoral y estoy convencido de que habrá muchas más.

Mi impresión, basada únicamente en mi experiencia con este tipo de procedimientos, es que las reclamaciones administrativas probablemente seguirán su tramitación mientras el proceso electoral continúa, salvo que el órgano competente acuerde expresamente alguna medida que afecte a su desarrollo.

Eso significa que pueden coexistir durante un tiempo dos planos diferentes: por una parte, la constitución de la nueva Asamblea y el posterior procedimiento para elegir presidente; por otra, los recursos contra determinadas actuaciones realizadas durante las elecciones.

Y después existe una segunda fase completamente distinta: el control judicial de las resoluciones administrativas que finalmente se adopten. Si alguna de las partes decide acudir a la jurisdicción contencioso-administrativa, esos procedimientos pueden prolongarse durante años.

El caso Villar demuestra precisamente que la proclamación y elección de un presidente no convierte automáticamente en irrelevantes las posibles infracciones cometidas durante el proceso electoral.

Por eso creo que lo importante ahora no es anticipar quién terminará siendo presidente, sino que quede perfectamente documentado qué ha ocurrido, quién tomó cada decisión y con qué fundamento jurídico.

El tiempo dirá cuáles son finalmente las consecuencias. Pero, visto el desarrollo del proceso hasta ahora, mi valoración es muy pesimista. Estas elecciones a la Federación Gallega de Ajedrez están mostrando algunas de las peores dinámicas que también vemos en la política de bajo nivel: personalismos, luchas por el control de las instituciones y decisiones en las que, demasiadas veces, parece pesar más el interés particular que el interés general. Y en este caso el interés general debería ser muy sencillo de identificar: el del ajedrez gallego y el de todos sus federados.