Los miembros de la Junta Electoral de la FEGAXA no necesitan ser ajedrecistas federados, pero parecen haber estudiado con especial atención algunas reglas del ajedrez: durante las partidas está prohibido hablar sobre las jugadas y las reclamaciones incorrectas pueden acarrear sanciones.
El problema es que parecen empeñados en trasladar esas reglas fuera del tablero: pretenden que no se comenten sus actuaciones y que quien las cuestione se exponga a apercibimientos.
Quizá convendría recordarles que la libertad de expresión y el derecho a formular reclamaciones ante las instituciones no se rigen por las Leyes del Ajedrez de la FIDE, sino por la Constitución española. Y, a juzgar por sus actuaciones, esta última normativa parece resultarles bastante menos familiar.
La Junta Electoral de la Federación Galega de Xadrez (FEGAXA) acaba de sorprenderme con una nueva resolución, fechada el 8 de octubre de 2026, que contiene otra advertencia de posibles sanciones contra mí.

Reconozco que estoy empezando a sentirme importante. No soy candidato, no soy miembro de ninguna candidatura, no soy interventor y tampoco tengo derecho a votar en estas elecciones. Pero, por alguna razón, parece que me he convertido en una de las principales preocupaciones de la Junta Electoral.
Primero me apercibieron por escribir. Ahora me advierten de posibles sanciones por recurrir.
A este paso, cualquier día me llega una resolución prohibiéndome pensar en las elecciones sin autorización previa.
Primera jugada: cuidado con lo que escribes
En julio, la Junta Electoral ya me dirigió dos comunicaciones con apercibimientos disciplinarios a raíz de mis publicaciones sobre el proceso electoral.
¿Mi terrible comportamiento? Publicar información sobre un programa electoral que pretendia mejorar el ajedrez gallego.
En la publicación cuestionada no pedía el voto para nadie, no solicitaba apoyo para candidatura alguna ni hacía campaña electoral.
Pero la Junta entendió que había motivos para apercibirme.
Mi interpretación es que aquellas advertencias suponían una injerencia injustificada en mi libertad de expresión, protegida por el artículo 20 de la Constitución.
Quizá sus integrantes crean que, durante unas elecciones, los federados debemos guardar un respetuoso silencio mientras observamos cómo se desarrolla el espectáculo.
Una especie de ajedrez silencioso, pero no porque lo exija el reglamento de competición, sino porque opinar podría salir caro.
Segunda jugada: cuidado con lo que recurres
Como no me convenció demasiado aquella peculiar interpretación de mis derechos, decidí utilizar los mecanismos legales de reclamación.
Y hoy, 8 de octubre, la Junta Electoral ha vuelto a sorprenderme.
En su nueva resolución, desestima una reclamación que había presentado sobre su composición e independencia, incluyendo la recusación de sus miembros.
Hasta aquí, nada extraordinario. Los órganos administrativos y federativos pueden desestimar reclamaciones. Para eso también están.
Pero la Junta ha decidido añadir algo de emoción al procedimiento.
Afirma que mi reclamación es «xenérica, elaborada con IA» y que persigue el bloqueo del proceso electoral.
¡Con inteligencia artificial!
Parece que hemos descubierto una nueva causa de inadmisión: utilizar herramientas informáticas para redactar un recurso.
Menos mal que no lo presenté escrito con una pluma estilográfica. Igual me acusaban de intentar reproducir la Revolución francesa.
Y, por si fuera poco, añade que, si reincido en presentar recursos que considera vacíos, «poderá ser sancionado por elo».
Es decir, según mi interpretación, hemos pasado de advertirme por publicar opiniones a advertirme por presentar reclamaciones.
Un avance verdaderamente notable en la interpretación de los derechos de los federados.
Tercera jugada: una Junta que parece jugar sin plan
En ajedrez existe una máxima muy conocida, atribuida a Savielly Tartakower:
«La táctica consiste en saber qué hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia consiste en saber qué hacer cuando no hay nada que hacer».
Confieso que me cuesta identificar la estrategia de esta Junta Electoral.
Primero me apercibe por mis publicaciones. Después, cuando cuestiono jurídicamente sus actuaciones, me advierte de posibles sanciones por seguir recurriendo.
En mi opinión, la Junta está confundiendo la defensa de sus decisiones con la defensa de su posición sobre el tablero.
Y eso, en ajedrez, suele terminar bastante mal.
Una cosa es realizar una mala jugada. Otra muy distinta es pretender que nadie pueda señalarla.
Por cierto, existe una regla elemental que cualquier ajedrecista conoce: cuando estás en jaque, no puedes resolver el problema amenazando al jugador que te ha dado jaque.
Hay que encontrar una jugada legal.
Cuarta jugada: los recusados resuelven la reclamación sobre su recusación
La última resolución tiene otro detalle curioso.
Había solicitado la recusación de los tres miembros de la Junta Electoral y la reclamación ha sido desestimada mediante una resolución firmada precisamente por esos tres miembros.
La cuestión de si correspondía tramitar un incidente específico de recusación, y ante qué órgano, tendrá que examinarse conforme a la normativa aplicable.
No sé cómo terminaría esa partida, pero desde luego el acta arbitral sería interesante.
Quinta jugada: la Constitución no es una variante opcional
Más allá del humor, estamos ante una cuestión que considero seria.
El derecho a la libertad de expresión no desaparece durante unas elecciones federativas.
Tampoco desaparece el derecho a formular reclamaciones y utilizar los recursos legalmente previstos.
Naturalmente, ningún derecho es absoluto y presentar recursos no garantiza que sean estimados. Pero una cosa es desestimar una reclamación por motivos jurídicos y otra muy distinta es acompañar la desestimación de advertencias sancionadoras sin identificar claramente la infracción que supuestamente se cometería.
A mi juicio, estas actuaciones producen un efecto intimidatorio que merece ser examinado por los órganos de supervisión y justicia deportiva.
Por eso continuaré utilizando los mecanismos legales disponibles y solicitaré que se examine tanto la regularidad de estas advertencias como las posibles responsabilidades que pudieran derivarse de ellas.
Epílogo: el problema no es la inteligencia artificial
Me hace especial gracia que la Junta Electoral haya considerado relevante mencionar que mi reclamación estaba «elaborada con IA».
No sé si consideran que utilizar inteligencia artificial constituye una infracción electoral, una circunstancia agravante o, simplemente, una práctica sospechosa. Les deben haber dicho que no puedes usar módulo de ajedrez mientras juegas en torneo y lo han extrapolado al sistema jurídico.
Pero, pensándolo bien, menos mal que ChatGPT no existía cuando, hace años, empecé a denunciar y recurrir lo que, a mi juicio, eran irregularidades de la Federación Española de Ajedrez (FEDA).
Entonces ya cuestionaba hechos relacionadas con los cursos de monitores, la transparencia federativa, la gestión de recursos y otras actuaciones que consideraba contrarias a la normativa.
Largas denuncias, recursos…administrativos, civiles e incluso penales….Y todo aquello lo hacía sin inteligencia artificial.
A la antigua usanza: leyendo legislación, examinando documentos, preparando escritos y dedicando innumerables horas a intentar que las federaciones cumplieran las normas.
¡Qué suerte tuvo la FEDA! De haber existido ChatGPT, quizá también habría podido atribuir mis reclamaciones a una peligrosa conspiración de algoritmos.
Aunque debo reconocer que esta nueva teoría ofrece posibilidades fascinantes: cuando un federado presenta una reclamación incómoda, ya no hace falta limitarse a discutir sus argumentos. Basta con señalar que ha utilizado inteligencia artificial.
Es una innovación jurídica extraordinaria.
Durante siglos, los juristas se han preocupado por determinar si una reclamación tiene fundamento. Ahora parece que podemos inaugurar una nueva escuela de pensamiento: lo importante no es si el recurso tiene razón, sino si quien lo redactó recibió ayuda de ChatGPT.
Pues bien, puedo tranquilizar a la Junta Electoral.
Seguiré utilizando inteligencia artificial cuando me resulte útil. También seguiré consultando legislación, jurisprudencia y documentos oficiales. Y, por supuesto, seguiré utilizando mi propio criterio, como hacía mucho antes de que existiera ChatGPT.
Porque hay algo que los ajedrecistas sabemos muy bien: cuando un módulo de análisis señala un error, lo inteligente no es enfadarse con el módulo.
Lo inteligente es comprobar la variante y, si el análisis es correcto, reconocer el error.
El problema nunca ha sido que alguien utilice inteligencia artificial para señalar una irregularidad. El problema sería que esa irregularidad existiera y, en lugar de corregirla, se intentase desacreditar a quien la denuncia.
Y eso, queridos miembros de la Junta Electoral, no lo ha inventado ChatGPT.
Es bastante más antiguo que la inteligencia artificial.
Incluso que la propia FEGAXA.
PD: Siempre ha existido el debate sobre si quienes dirigen y administran el ajedrez deberían ser ajedrecistas o, al menos, conocer y sentir cierta pasión por nuestro deporte.
Durante mucho tiempo he pensado que no era imprescindible saber jugar al ajedrez para gestionarlo bien. De hecho yo apoyé a Gaspar para ser presidente de la FEGAXA y no era ajedrecista pero me parecía un gran gestor. Sin embargo, las actuaciones de la actual FEGAXA y de su Junta Electoral me están haciendo reconsiderar esa opinión.
Porque, a mi juicio, estamos comprobando los riesgos de gestionar el ajedrez desde una desconexión absoluta con su cultura y sus valores.
En ajedrez aprendemos desde pequeños a pensar antes de mover, respetar las reglas, aceptar las reclamaciones legítimas y asumir las consecuencias de nuestros errores.
Quizá no sea imprescindible saber jugar al ajedrez para dirigir una federación. Pero, visto lo visto, sentir al menos sus principales valores no vendría nada mal.